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lunes, 22 de diciembre de 2014

Lo importante, es seguir...

Tiene la mirada fría. Sus ojos son azules, pero a veces dudo si ese color se debe a la tonalidad de su iris o al hielo de su mirada. A "R", así lo llamaremos, lo conocí hace poco más de una semana. Tiene 61 años, pero es joven... Hace meses perdió ambas piernas - la consecuencia de una vida de muchísimo tabaco y bastante alcohol -  y, por si fuera poco, le han diagnosticado cáncer de pulmón.  

Conocí a "R" en la sala de espera de la planta de oncología de un hospital. Lo había visto varias veces, pero solo fue hace unos cuatro días que finalmente hablé con él. Una conversación entre dos desconocidos unidos por una realidad que solo quienes la han vivido de cerca pueden entender. "R" es todo un personaje, en el buen sentido de la palabra: aquella mañana, "R" me contó un poco acerca de su vida. También me habló sobre el hecho de pasar las navidades en una habitación de hospital, solo. Pero lo que más me llamó la atención de todo lo que "R" dijo fue una frase: hay que reírse de las desgracias, así les jodes más... Aquella mañana, le saludé esperando volver a coincidir, porque si seguíamos encontrándonos significaría que tanto él como la persona a quien yo tenía ingresada en ese hospital seguirían allí. Fueran navidades o no. Eso, daba igual. Lo importante era seguir...

Hoy volví a aquella sala. Fui a visitar a "R" - de los dos que tenían que seguir, lamentablemente, solo queda él... - y le llevé un pequeño surtido de turrones, no sé si para intentar endulzarle la navidad, la enfermedad solitaria... o la mirada fría.

"R" no esperaba mi visita. Fue grata. Y sí, algo se endulzó. Pero curiosamente, los turrones poco tuvieron que ver. "R" ha perdido prácticamente la salud, como él dice "precio de su libertad", pero no ha perdido la esperanza, las ganas de luchar, de avanzar aún no teniendo piernas. ¡Conserva toda su picardía! muestra de ello, frases como las dichas a otro familiar de otro paciente de cáncer, afirmando que "ha perdido las piernas pero ha ganado la visita de un mujerón, ¡30 años más joven!". Piropos a parte, la visita a "R" también me endulzó a mí... Y me doy cuenta de que cuando menos comprendemos es cuando más podemos aprender. Cuanto más dolor sentimos más deberíamos solidarizarnos. Porque al fin y al cabo, lo que importa es seguir... y que la mirada no se nos enfríe nunca.


Cuando me marché le prometí a "R" volver a visitarlo si él me prometía que, como mínimo, intentaría no ponerse peor... Solo me dijo "voy a estar pensando en seguir bien porque te lo he prometido". Ojalá pueda cumplir su promesa.


Gracias, "R". 

viernes, 19 de julio de 2013

La semilla de la esperanza… en un banco

Hoy me ha pasado algo muy particular: he tenido que ir al banco (a mi entidad habitual) para abonar los impuestos trimestrales de una asociación de la que soy parte desde hace ya un tiempo… Ya se sabe, Hacienda, somos todos…
Un banco, impuestos, Hacienda: ¿y con qué me encuento al ser atendida? Con un agricultor de unas semillas muy especiales.
Alejandro, que así se llama el trabajador de banca (el agricultor de semillas) que me atendió amablemente, nada más percatarse del nombre de la asociación, claramente alusivo al concepto medioambiental, me preguntó si yo era medioambientalista… pero que si lo era conmigo misma.  
Mi respuesta, más movida por la prisa que por la reflexión, fue una afirmación no muy explicada, y su siguiente pregunta, una señal de que la conversación bien podía merecer esa calma que no suele protagonizar este tipo de servicios:
-          ¿Qué haces para reciclarte?
Dio de lleno. La siguiente respuesta la pensé un poco más:
-          Reinventarme siempre, con ilusión…
Hace unos meses “dejé” los servicios de auditoría y consultoría por quehaceres más creativos, artísticos y, por qué no decirlo así, hasta bohemios. Alejandro, un trabajador de banca en puertas a su próximo cambio de rumbo, un joven que ha decidido apostar por el apoyo a las personas, por el coach y por un futuro profesional del todo reinventado, del todo reciclado, sacó de una cestita de mimbre que lucía un cartel con la frase “semillero de sonrisas” una tarjeta y, tras escribir en ella mi nombre, me la entregó.   
“No te rindas, que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños”…
Debajo de esa frase, el modo de “sembrar sonrisas” en el alma. Poético, motivador,  pero sobre todo inauditamente sorprendente.
Metí la tarjeta en mi cartera. Era la primera vez que salía del banco sin que en mi cartera entrara o saliera dinero, sino un papelito con un mensaje de esperanza, de fuerza… y de ecología interior.
Nunca sabemos dónde vamos a encontrarnos una de esas señales que te indican que sigas adelante. Que la vida es muy corta para no permitirse soñar hoy y ahora.
Yo hoy encontré una de esas señales en uno de los bancos más odiados de este país, pagando los impuestos de un estado corrupto y en una época de crisis inalterable.
Vale la pena sembrar. Porque en medio de las espinas, siempre hay rosas…

P.S. Gracias Alejandro… y suerte en tu nueva etapa.